miércoles, 27 de enero de 2016

Balance

"Va a ser un año malo"

Tengo grabada esa frase en mi cerebro desde aquel día que conocí a mi oncóloga y me dijo que me iban a dar quimioterapia, a operar, a radiar, a reconstruir, a dar un tratamiento hormonal... Ya ni me acuerdo de todo lo que me dijo, porque lo único que me quedó claro es que iba a ser un año malo. Si ahora pudiera retroceder en el tiempo, puntualizaría: "No, no va a ser un año malo. Van a ser unos cuantos meses, y no todos igual de malos".

En resumen: desde aquel 20 de abril (como la canción) que falté a trabajar porque se me cayó el pelo, hasta el 9 de diciembre, que salí a la calle sin pañuelo por primera vez, he pasado días malos, días muy malos y ratos agradables, pero hoy estoy en condiciones de afirmar que mi vida es mejor desde que no soy calva.

Podría hacer una profunda reflexión sobre las lecciones de vida que me ha dado la enfermedad, sobre la nueva persona en la que me he convertido, sobre el cambio de prioridades del que todo el mundo habla tras un mal trago como este... Pero no. Y para ser sincera, lo único que deseaba en todos esos meses malos era que me creciera el pelo.

Soy la misma, pero con unos cuantos pañuelos más.

Por fin puedo decir que tengo pelo. Por fin. ¡¡¡POR FINNNN!!! Por fin me reconozco en el espejo, por fin tengo cejas y pestañas, por fin he vuelto a ser yo.

Hace una semana volví a trabajar tras seis meses de baja. Parece que mi vida vuelve a ser la misma, aunque todavía me queda un camino de pastillas y quizás otra operación, pero lo peor ha pasado.

Soy una gran afortunada por vivir en un rincón del mundo en el que el acceso a la sanidad es fácil, por eso todos los días me acuerdo de los que no tienen cerca un médico al que echarle en cara que durante unos meses me dejó calva.

Gracias por todos y cada uno de vuestros mensajes de estos meses. Los leo y releo de vez en cuando, son parte de mi medicina :)

Apolo y yo con pelo (Por suerte, él nunca lo perdió...)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Navidad

La Navidad está llena de buenas intenciones, quien más y quien menos se enternece con los reencuentros, el mazapán y las lucecitas del árbol. Y qué mejor manera de materializar el espíritu navideño que amenizar la espera a los pacientes de un hospital, ¿verdad? 

Pues eso es lo que debió pensar el artista anónimo que decidió decorar la sala de espera de radiología de mi hospital, así que se puso manos a la obra y... ¡Tachaaaaan! :


Lo veis, ¿no? Veis lo que yo veo toooodos los días cada vez que acudo a mi sesión diaria de radioterapia... Por si no queda claro: 

¡Ahí están los tres, esperando a que me siente debajo para despegarse de la pared y asesinarme! El primer día que los vi casi se me sale el corazón por la boca, menos mal que estando en un hospital alguien me lo habría vuelto a meter en su sitio. 

Para mi desgracia no son los únicos, porque cuando salgo de la enfermería tengo que pasar por un solitario pasillo decorado con... 



¡Argh! ¡Hay muchos más! Y yo me pregunto si las mentes creativas que han desplegado todas sus buenas intenciones sobre las paredes serán las mismas mentes que han planeado mi tratamiento... Mucho me temo que si... 

Yo, por si las moscas, me voy corriendo a casa, que tengo que preparar las uvas. Además, quería desearos un 2016 muy peludo, que ya sabéis que donde hay pelo hay alegría:)




jueves, 10 de diciembre de 2015

Operación Relámpago

En un principio bauticé como Operación Teta a esa dichosa intervención que no me dejaba pegar ojo y que me hacía visitar el baño cada vez que me acordaba de ella, pero creo que visto desde la distancia la llamaría Operación Relámpago, porque cuando quise darme cuenta ya estaba de vuelta en casa, con una teta menos y el brazo un poco atontado, pero encantada de volver. 

Recuerdo de esos días que una de las cosas que más me llamó la atención fue tener que hacer una maleta para ir a un sitio al que no me apetecía ir. Por lo general, cuando preparo la ropa para pasar un tiempo fuera de casa lo hago con ilusión, pero aquel día no sabía qué elegir...

Estrellita y Yunus ayudándome a elegir

También me acuerdo de que mi única obsesión antes y después de la operación era no pasar ni un minuto sin mi pañuelo, y por pesada me salí con la mía porque a la ida conseguí que el celador no me hiciera quitármelo y a la vuelta una enfermera a la que recuerdo borrosa me puso tres gorros verdes de los de cirujano (me puso tres porque uno solo se transparentaba y debía ser un poema verme así...)

El primer día lo pasé durmiendo, el segundo vomitando y el tercero devorando la comida de hospital.

No entiendo la mala fama de la comida de hospital, ¡a mi me supo todo a gloria!

El cuarto día, después de recuperarme milagrosamente rápido, me mandaron a mi casa sin drenajes, algo que al parecer no es nada habitual, porque la mayoría de mujeres se va a casa con al menos uno (drenaje=tubo que sale de tu cuerpo por un agujero por el que podrían escaparse el resto de órganos, y que termina en una botella transparente en la que se acumula un líquido asqueroso)

Hoy, un mes y pico después de aquellos días, podría resumir mi experiencia en:
1. Las doctoras, enfermeras, celadoras, limpiadoras... y demás personal (casi todas mujeres) son lo mejor del mundo mundial
2. La tarde después de la vomitona vi un espectáculo de magia en la planta de oncología infantil
3. Me tocó una habitación para mi sola en la planta 10 con una puesta de sol espectacular que solo pude disfrutar el último día (ese que ni dormí, ni vomité)
4. Alguien debería haberme avisado de que después de la anestesia existe la posibilidad de vomitar sin parar

Hoy, un mes y pico después, he paseado en bici por primera vez desde hace mucho tiempo :)


viernes, 23 de octubre de 2015

Los tres vuelcos

El cocido madrileño se come, tradicionalmente, en tres vuelcos: primero la sopa, después los garbanzos y verduras y por último la carne. La sopa suelo tomarla sin rechistar: me pilla con hambre y me entona el cuerpo. Las verduras y los garbanzos también entran solos, aunque a veces me cuesta porque el estómago empieza a estar lleno. Cuando llega la carne suelo rendirme porque ya estoy llenísima y no puedo más.

¿Por qué cuento este rollo? Pues porque el otro día pensaba que mi tratamiento está siendo como un cocido madrileño, es decir, en tres vuelcos: primero la quimio (¡¡prueba superada!!), después la operación y por último la radioterapia.

Menos mal que empieza a funcionarme el cerebro, 
porque durante los meses de quimio no he tenido ganas ni de leer...

Hace 4 semanas que terminé la quimioterapia y desde entonces no he parado de estudiar el no-crecimiento de los pelos de todos y cada uno de los puntos de mi cuerpo que un día estuvieron cubiertos por vello. Y cuando digo todos y cada uno me refiero a todos y cada uno: hasta los agujeros de la nariz me los tengo aprendidos de tanto mirarlos con la lupa, porque es el primer sitio en el que parece que está apareciendo pelusa (quién me iba a decir que me alegraría de encontrarme un pelo nuevo en la nariz...)

Esto quiere decir que el siguiente paso de mi particular cocido madrileño es..... ¡¡LA OPERACIÓN!! Ayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayay......... Cada vez que lo pienso me cago. Literalmente. Y ya se que es escatológico, pero pienso en la operación y me cago. Operación=me cago.

Y me cago porque voy a tener que compartir habitación con otro enfermo al que no conozco, porque me voy a tener que poner una batita de esas que se abren por detrás, porque cuando me bajen al quirófano tendré que quitarme mi pañuelo, porque mi madre va a ser mi sombra y cuando llevo mucho rato acompañada me agobio...

Así que solo espero que todo pase pronto y que me crezca rápido el pelo, porque combinar el pañuelo de la cabeza con la bufanda empieza a saturarme el cerebro.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Prioridades

Dicen que cuando pasas por una enfermedad importante aprendes a ver la vida de otra manera, que tus prioridades cambian.

Hoy ha llovido fuerte y por primera vez desde que empecé con este rollo me ha pillado en la calle, por lo que he tenido que echar una carrerita hasta el coche porque con el viento me mojaba a pesar del paraguas. Al llegar y mirarme en el espejo he llegado a una conclusión: hace unos meses mi prioridad habría sido recolocarme el flequillo e intentar mantener su dignidad a pesar de la humedad. Hoy mi prioridad han sido mis cejas: se me llegan a borrar y me habría escondido en el maletero hasta la noche...

Os presento a mis nuevos mejores amigos. 
¿Los gatos? No, los gatos no, los potingues para las no-cejas...

Y si, he dicho bien, ahora mis cejas no se mojan sino que se borran, porque con este veneno semanal se me han caído casi todos los pelillos que me quedaban. Para ser exactos diré que me quedan unos pocos, repartidos en distintos manchurrones que dan a mis cejas un aspecto desigual y como de animalillo tiñoso. Un cuadro.

De espaldas sigo estando requetebuena :)

Cuando te miras en el espejo y te ves calva, piensas que no puede ir a peor. Pero si, siempre es posible empeorarlo: añadamos un acné repartido por toda la cara (yo lo llamo acné senil, porque a estas alturas ya me dirás...) y unas cejas a manchurrones y ya tenemos el kit completito: ¡Quasimodo es Gisele Bundchen a mi lado!

Hablando en serio: es verdad que las "deficiencias" estéticas de estos meses no son nada si lo comparamos con la importancia que tiene curarse y estar bien, pero hay que vivirlo para darse cuenta de que no es ninguna tontería, sino un añadido más a este mal trago que hace que los días se pasen aun más lentos. Es una gran faena que me haya tocado a mi, que tenga que pasar por una operación, que me pase los días con el estomago revuelto... pero es que ademas de todo eso estoy fea y calva. Y no me digas que el pelo crece, porque eso ya lo se, mejor ponte en mi lugar y no le quites importancia a lo que si la tiene. Si, es solo pelo. Pero duele.

Menos mal que me queda poco tiempo para disfrutar del titulo de abominable vecina del séptimo, porque...

¡¡¡¡¡¡¡¡¡ME QUEDAN DOS QUIMIOS!!!!!!!!!!

Todo pasa. Lento, pero pasa.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Lo mejor y lo peor

Ya he contado más veces que a mi, como a mis gatos, me chifla observar (=cotillear). Y qué mejor sitio para una de mis actividades favoritas que la sala de espera de un hospital. Yo intento concentrarme en mi libro o en la charleta que me da mi madre, pero es que hay tanta gente que no puedo dejar de mirar e imaginar la relación que hay entre cada paciente y los que lo acompañan, que a veces no son ni uno ni dos: hay un señor en silla de ruedas que va con su mujer, sus dos hijas y el marido de una de ellas... ¡¡¡y entran todos a la consulta!!!

Me parece que de lo peor que nos puede pasar (estar enfermos) se puede sacar lo mejor. Las familias se unen y me emociona ver cómo apoyan a su enfermo. Yo llamo besos "gratuitos" a esos que das de pronto sin venir a cuento en la mejilla del que va contigo: es un "te quiero, estoy contigo" que me pone los pelos de punta: nunca había sido testigo de tantos besos gratuitos entre adultos como en la sala de espera de oncología. Y me encanta verlos :)

¡¡¡¡¡Yupiiiiiiii!!!!!

sábado, 20 de junio de 2015

Ecuador

¡¡¡Aquí sigooo!!! Podría hacerme un selfie para demostrarlo, pero teniendo en cuenta que no hoy ni me he duchado, que llevo un vestidillo arremangao que cuando me tumbo no me tapa ni las braguitas y que para estar en casa no me tapo la calvorota, casi que mejor no acompaño la entrada con autofotos. Eso sí, muy digna, oiga.

Quería contaros que, aunque a mi no me salen las cuentas, todo el mundo dice que ya estoy en el ecuador de mi quimio, porque ya he pasado las cuatro sesiones duras. Ayer fue la última de las "jodías", así que dentro de 21 días comienzo las 12 semanales y supuestamente más suaves, razón por la cual no termino de entender lo del ecuador: si he pasado 4 y me quedan 12... Vale que soy de letras puras, pero no boba...

En resumen: que ayer estaba malamente, hoy reguleras y mañana estupenda!!

La parte buena de todo este rollo es que recibo cariño y regalos por todas partes... Y para muestra, unos botones:

Como llevo en el brazo una especie de vía por la que me chutan la qumio y no se puede mojar, mi padre me ha regalado un bonito artilugio para que me pueda duchar si dejar el brazo en alto en modo ultraderechista.


Bonito y favorecedor, ¿eh? Y lo bien explicado que viene con ese monigote asexual de la caja, si no llega a ser por el croquis no se dónde me lo habría colocado...
El caso es que para la ducha funciona regular, porque cuando termino tengo tal acumulación de agua en el cacharro que me da pena tirarla y se la echo a las plantas. Pero he pensado que puede tener otra utilidad: si bajo a la calle con esto y sin pañuelo en la cabeza, puedo espantar fácilmente a los malditos niños que usan mi portal como portería. Es más, si les doy collejas no dejo huella!!!!! Y acto seguido me iré a prender fuego al Burguer King de la esquina para que no me vuelva a entrar por las ventanas el pestuzo a patatas fritas, con semejantes pintas nadie me reconocerá y no dejaré mis huellas dactilares!!!!
Gracias, papá.

Y para regalos apropiados, atención al bonito secaPELO que me ha regalado mi madre...


SecaPELO. PELO. Vale que lo pone en inglés y mi madre no se entera, pero es que también está en francés y de eso sí que sabe!!! Que la toallita es muy suave y me viene bien porque la cabeza me la sigo secando igual, pero que digo yo que le podía haber quitado la etiqueta...

Menos mal que mi madre, que me hace un regalo cada vez que me ve, sabe qué es lo que me gusta...


GRACIAS a todos por vuestros correos, comentarios, enlaces, energías... Aunque tarde en contestar os leo a todos y me llega todo vuestro cariño, noto que estáis ahí, aunque por suerte no me podéis ver ;)